Todos tenemos una idea de los destinos antes de ir…y no importa con cuántas personas hables, siempre esa visión es subjetiva. Se va armando a lo largo del tiempo por lo que vamos leyendo, lo que escuchamos salpicadamente, y ahora por lo que vamos viendo en las redes sociales. Todo eso (y varias cosas más) forma una imagen en nuestro inconsciente, una idea de ese lugar que está arraigada incluso mucho antes de planear ese viaje.

Bueno, algo de eso me pasaba con Bosnia. Me parecía súper intereante la convergencia, lo crisol. Un mismo país, muchas religiones, diversificación de paisajes…¿qué podia salir mal? Pues Sarajevo, mi ciela.
Llegué de madrugada a la capital de Bosnia. Ahí con los primeros rayos del día, a la hora que algunos empiezan a ir a trabajar. El silencio. El fresquito de las mañanas del verano. Con la mochilla al hombro comencé a caminar rumbo a mi hostel, que eran como 2 km y ahí arrancó el shock.

La primer plaza que crucé estaba repleta de estructuras que parecían lápidas. Me pregunté si realmente lo serían, aunque me parecía muy raro que estuvieran en medio de la ciudad.
Pero de todo lo que había leído, todo lo que estaba en mi imaginario, nada se comparó con lo real. Fue ahí cuando vino el siguiente shock: las balas. Los frentes de las casas totalmente baleados…pero no una, dos, tres balas, decenas. Casas abandonadas, al borde del colapso, de la caída. Parecía una peli de terror, con la diferencia que no era un escenario montado…fueron las escenas reales durante el sitio de Sarajevo

Mi hostel estaba sobre una colina así que le primer día decidí meter plan relax, mates y el fresquito que no había conocido aun en el verano europeo. Pero al segundo día bajé al centro, con mi celu en mano, para crear contenido en cada uno de los puntitos que había marcado en mi mapa…que por cierto, eran bastantes. No pasaron ni 30 minutos que ya me empecé a sentir mal.

Caminando por las calles me invadió la angustia, la desesperación. Me agarró un dolor constante en la boca del estómago, una sensación de querer irme corriendo. Como nunca me había pasado en ningún lugar. No pude sostener el estar ahí, el sentir tanto dolor…que encima, no era mío. Era como si mi cuerpo sentía el terror de haber estado allí, con la diferencia de que nunca había pisado esas calles.

Desde hace un tiempo empecé a entender que percibo cosas de manera diferente…que las energías de otros seres me afectan mucho más de lo que me gustaría…para bien y para mal. Así como se me enciende el alma cuando estoy en un templo budista, se me apretuja el cuore cuando estoy en un lugar donde hubo sufrimiento. Pero una cosa es entenderlo y otra es aceptarlo (sí, todavía tengo mucha tarea para el hogar).

Y de repente todos los planes, todo lo que había en mi imaginario sobre turistear en Sarajevo cambió literal de un día para el otro. Me invadía el sentir, el cuerpo me daba mil señales para salir de ahí y la mente…la mente es la que insiste.
Hablé con toda la gente que conocí que habían venido a Sarajevo, pregunté si les había pegado mal, y todos me decían que estaban encantados.

Como ya tenía planeado estar 1 semana en Sarajevo aproveché para meter planes cerca de la ciudad, hice varios tours a destinos cercanos y a descansar. Pasé varias tardes en mi hostel, que era la casa de una señora de unos 60. Ella no hablaba una gota de inglés, yo no hablo una gota de eslavo, pero entre señas y casi ninguna sonrisa que le pude sacar, nos comunicábamos.
Y acá meto un poco de contexto/ historia. Cuando se disuelve la ex Yugoslavia, cada territorio salió como pudo. Algunos salieron muy favorecidos como Serbia y Croacia, otros con perfil bajo se fueron silbando bajito, como Eslovenia y Macedonia del Norte, Y otros como Kosovo y Bosnia, no corrieron con tanta suerte.
Y Sarajevo se convirtió en un centro de injusticia. Quién hubiera dicho, que esa ciudad cosmopolita, sede de los juegos olímpicos de invierno en 1984, terminaría en uno de los genocidios más duros y más ignorados de los últimos tiempos.

Allá por los 90, los serbios sitiarion la ciudad, de modo que nada pudiera salir ni entrar, ni personas, ni suministros…sin agua, ni electricidad, nada. Sumado a los más terribles crímenes de odio, de religión, abusos sexuales. Ya no importaba la identidad nacional, a qué país decían que querían o no pertenecer, la política…era un sálvese quién pueda y muchos no pudieron.
Aunque claro, una cosa es cuando lees la historia en Google (y aún así ya los 4 años de asedio y las más de 10.000 muertes de civiles, parecen un montón). Pero otra cosa es cuando te lo cuentan en primera persona…mi hermano es producto de una violación, mi papá fue a luchar a la guerra, mi tío se infiltraba en los túneles, a mi mamá la violaron.
Fue ahí cuando entendí mi sentir, lo que me pasó por el cuerpo en aquella caminata por Sarajevo. Los que son chicatos como yo entenderán, pero fue como cambiarme los anteojos…de pasar de ver todo borroso a ver todo definido. Y con estos nuevos lentes volví a ver todo….las balas en las paredes, las rosas de Sarajevo. No podía sacarme de la cabeza que la señora del hostel, a mi edad estaba viviendo los peores horrores de la guerra (y en mi visión más esperanzadora, escondiéndose para vivir los menos posibles).

Hay algo que aún no puedo terminar de explicar de Sarajevo, ni poner en palabras lo que es estar allí. Menos que menos puedo explicar por qué una argenta común y corriente, que vive del otro lado del mundo, sintió lo que sintió, aun sin tener ningún lazo con el destino. Pero agradezco que el cuerpo me haya avisado, porque fue como si me dijera: “mamu, acá pasó algo heavy, no lo pases de largo”
En fin, quedara como un relato de un Viajecito Flashero
Hubo otras partes que sí disfruté de Bosnia y esos lugarcitos los dejé en este post
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