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¡Qué raro esto de regresar de un viaje largo! Van pasando las semanas, y cada vez se siente todo más y más extraño. Pareciera como si hubiera sido ayer que volví a pisar Argentina, llorando a moco tendido, con la mochila de 50 litros cargada de ropa, y el alma repleta de experiencias. Pero no.

En realidad no fue ayer, fue hace cuatro meses. Cuatro meses que pasaron lentamente volando, y aún, paradójicamente, sigo vagando de un lado al otro tratando de encontrar mi lugar, sólo que esta vez sin cambiar de latitud.

Regresar de viaje largo

¡Qué lejos quedó Estrasburgo, Francia, y el couchsurfing!

Ganas de volver ¿where are you?

Recuerdo esas sensaciones tan viscerales de extrañar mi país, y creo que quedó reflejado en el post La vida de viajero…lo que no se cuenta.

Ese sentimiento tan profundo que parecía que nacía desde adentro del cuerpo. La emoción gigante que sentí en aquel mercado de Milano cuando encontré la yerba en una góndola, el dulce de leche que compré en Roma, las empanadas caseras que cocinamos en Aarhus, Dinamarca, la bandera argentina colgada en pleno comedor sueco, el mate sobre la mesa al llegar a Köln, Alemania.

Las costumbres argentinas tiraban tanto, que moría por teletrasportarme a mi país. Todas esas fechas especiales a la distancia se valoran mucho más, y pareciera ser imperativo reafirmar la identidad nacional en el lugar que estés. Y es que cuando estás tanto tiempo de viaje, aprendiendo tantas cosas nuevas, surge esa necesidad de agarrante a algo viejo. Más, cuando se van tambaleando día a día tus creencias y tu manera de ver el mundo.

Es que todas esas vivencias te moldean y te cambian tanto, que llega el punto que te das cuenta lo diferente que sos…y ante tanto cambio, surge esta necesidad de reafirmación. Inútil, porque después de un viaje así, tu identidad está formada con un poquito de cada tierra que pisaste.

Tanto así, que cuando volvés a tu tierra natal, aparece un sentimiento algo ambiguo…sentís que es tu lugar y paralelamente te sentís un extraño. Todas esas ganas que tenía de teletrasportarme a Argentina, se saciaron a los pocos días… ¿y ahora?

De Workaway a tirar Currículums

Después de tanto tiempo girando es imposible regresar de viaje largo y no trabajar. Así que quedaron atrás las tardes de buscar voluntariados en Workaway. Actualicé el currículum, reactivé las redes con colegas de mi profesión, y me lancé en búsqueda laboral. No hubo mucho tiempo para aclimatarse al cambio de vida…aún me resulta algo difícil re-acostumbrarme a manejar dinero, pero la necesidad tira.

Mi situación socio económica sigue siendo la misma que te conté en el post de Renuncié a mis trabajos para irme a recorrer el mundo…ni encontré un papi chulo que me mantenga ni me hice millonaria en Europa (aunque sí me traje miles de vivencias preciosas extremadamente valiosas…y si eso no es ser millonaria, ¿qué es?).

En fin, la cuestión es que con la situación económica que se vive en el país, tuve que arrancar rápidamente a volver a trabajar por dinero. Y aunque sigo sosteniendo todo lo que conté en el post ¿dejarlo todo para irte de viaje? , es momento de retomar el rol de trabajadora.

Volver ¿con la frente marchita?

De Inglaterra a Rusia, y de Rusia a Portugal…¿cómo se vuelve con la frente marchita?

Y se volvió, pero lejos de estar con la frente marchita, como dice el tango. Aunque hay días que duele bastante el estar tan quieto. La vida nómade se extraña horrores, me faltan kilos al hombro y aún sigo sin acostumbrarme a usar el armario. A pesar de que en esta vida sedentaria no me sienta tan cómoda, es momento de andar, o mejor dicho parar, por estas latitudes.

En estos meses, en varias ocasiones me pregunté…¿por qué volví? ¿Por qué no cambié el pasaje de vuelta? Pero cuando otra persona me lo preguntaba, respondía lo mismo…sé que hay algo que tengo que transitar acá.

Y cuando parecía que la angustia no podía ser mayor, apareció el COVID en Argentina; la cuarentena obligatoria, los planes menos pensados, esos abrazos fuertes tan confortables y tan poco imaginados.

En estos días entendí por qué tenía que volver acá. Y agradecí. Agradecí dentro mío por escucharme y dejarme fluir, aunque no entienda muy bien el porqué de aquello que me impulsa.

Entre tanta incertidumbre diaria, de lo que estoy segura, es que este caos mundial me agarró en el lugar que tenía que estar. Así que se volvió, con la frente bien en alto, el corazón llenito, y los sueños intactos. Los privilegios de querer y poder volver.